“Pienso, Luego Siento”

¿Te ha pasado algo parecido?

Llegas al trabajo, tu jefe pasa serio, no te saluda, es más, ni te mira. Te comienzas a sentir preocupado, fastidiado, cuando te llama para darte una indicación te sientes nervioso, te muestras a la defensiva. Si te preguntan en ese momento por qué estás fastidiado, dirías que es por qué tu jefe está raro contigo, tal vez no está contento con tu trabajo o no le caes bien.

Es decir, dirías que el hecho de que tu jefe ha mostrado esa conducta, ha provocado en ti este fastidio.

La realidad es que esto no es verdad. La verdad es que tu fastidio ha sido provocado por la interpretación que has hecho de lo que sucedió. Cuando tu jefe pasó serio y no te saludó ni miró, pasaron por tu mente muchos pensamientos, algunos de ellos pueden haber sido: “No me ha saludado, está molesto conmigo, tal vez porque no le ha gustado el trabajo que presenté, parece que no le caigo bien, no vaya a ser que quiera despedirme, y qué voy a hacer, siempre me pasa lo mismo, dónde voy a encontrar otro trabajo, con todo lo que tengo que pagar….” Definitivamente una ráfaga de pensamientos como esos activan emociones y sentimientos negativos.

Podrías haber evaluado la situación diferente, por ejemplo: “¿qué le pasará? Tal vez tiene algún problema, parece que hay algo que lo distrae, trataré de ser amable con él esta mañana”. Pensamientos como estos no habrían desencadenado en ti ninguna emoción negativa.

Esto sucede porque solemos pensar que las situaciones que nos acontecen provocan nuestras emociones y sentimientos: PERO ESTO NO ES VERDAD. Ninguna situación externa a nosotros puede provocar en nuestro interior emoción ni sentimiento alguno.

Entre los hechos que nos suceden y las emociones y sentimientos que experimentamos, median NUESTROS PENSAMIENTOS. Y dentro de nuestros pensamientos hay algunos que la terapia racional emotiva ha llamado “automáticos” que suelen ser irracionales, exagerados y provocan malestar. Estos pensamientos pasan por nuestra mente a una velocidad tal que ni nos percatamos de ellos.

Esto quiere decir, que si nos detenemos a identificar las formas en las que evaluamos lo que sucede, podemos conocer los pensamientos que nos llevan a tener sentimientos negativos y podemos cuestionarlos y reemplazarlos por pensamientos más realistas. Y, por lo tanto, sentirnos mejor.

Si te das cuenta que suele pasarte esto, puedes ejercitarte en conocer tus pensamientos automáticos, tal vez con ayuda de un consejero, y mejorar tus estados de ánimo.

Así que la próxima vez que experimentes tristeza, o ira, o depresión, o miedo, detente a identificar los pensamientos que están detrás de esos sentimientos y recuerda que la norma es: “PIENSO, LUEGO SIENTO”.

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